Se democraticen, coño!

En Castellano

Un zarpazo le rasgó las pocas vestiduras que tenía, pero la economía lo había hecho demasiado resiliente como para venirse abajo. Una marca más en una espalda llena de tatuajes con la marca del progreso. Pensó que era un afortunado, porque en esta vida hay que ser siempre positivo, y que ahora en vez de tener el una cazadora serían sus hijos gemelos los que tendrían dos mantitas con las que taparse.

Los pequeños, a los que la economía fue dotando de espíritu de superación con los años,  también vieron en los dos trapos una oportunidad y barajaron todas las opciones para pasar menos frío. La primera consistía en taparse un rato los pies y al rato siguiente el tronco, pues la manta era una mantita, y los niños son cada día más grandes. La otra consistía en juntar las mantitas y hacer una manta de cuerpo entero para posteriormente disfrutarla por turnos.

Había una tercera opción, que el más fuerte se llevará las dos mantas y que el otro pasase frío, pero la economía no había hecho aún su gran obra social en los críos. Inocentes y preguntones, aprovechaban los últimos coletazos de la infancia desafiando ciertas normas de los adultos que le parecían estúpidas. No sabían nada de la vida, por eso no ocultaron su sonrisa a tiempo cuando los rostros serios de los que democratizan países se paseaban con los fusiles más democratizadores de todos los fusiles.

Lo primero que hicieron fue quitarle las mantitas porque ya tenían 8 años, eran lo suficientemente grandes como para permanecer ausentes de las oportunidades que brinda el mercado. Después les explicaron que si bajaban a la mina donde vive la economía podrían comprarse infinitas mantas, ya que ellos eran lo suficientemente pequeños para llegar a los diamantes más grandes y generar así las infinitas ganancias que proporcionan la felicidad infinita.

Los democratizadores les dijeron que cuantos más diamantes encontraran más contenta se iba a poner la economía y que si la economía se ponía contenta todos estarían contentos. Por el contario, si no encontraban diamantes, la economía se pondría triste y todos tendrían que estar tristes porque la música democrática de los fusiles hace daño en los oídos y en las cabezas. Después de la lección de democracia y de cooperación al desarrollo les dieron el pico y el casco con linterna más increíble del universo. Los diamantes salían a más velocidad del país democratizado que de la mina donde la economía daba clases magistrales.

Lo que no les dijeron es que sus pulmones iban a doler tanto y que las nuevas mantas de adultos no abrigan de los sudores fríos que empezaron a acompañarlos por las noches. No les contaron que la economía prefería esas piedritas que todas las vidas que conocían y que por eso no había una cura para sus males, ni tampoco que los diamantes se disfrutan en los países que democratizan y no en los democratizados.

Los que no pudieron ser pequeños perdieron sus sonrisas y sus mantitas el mismo día que cambiaron su infancia para honrar a la economía. Ahora maldicen la peor decisión de sus vidas sin saber, inocentes, que la libertad con la que decidieron, al igual que los diamantes que regalaron, solo era para los países que llevan los fusiles democratizadores.

La revolución de los golfistas

En Castellano

Los ricos son tan conscientes de que los humildes necesitamos pan y circo que nos acaban de regalar una ración de este último para que entendamos que siempre están ahí cuando más los necesitamos. Lo del pan queda para otro día, una cosa es ser solidario y otra es serlo a cambio de nada, ya lo decía Mariano. Me apuesto mi conciencia, mi bien más preciado, a que ninguno de los que golpeaban su palo de golf contra las señales que pagamos todos los ciudadanos escogió un camino diferente a la riqueza que el de nacer en la familia correcta.

Con la revolución de las banderas y los teléfonos de última generación nos recuerdan a las clases desafortunadas de nacimiento que podemos contar con ellos. En sus casas siempre tendremos un salón para limpiar, un perro para pasear, una abuela para cuidar o unos niños a los que criar como merecen, como la futura clase dirigente de una España más grande y más libre. Si no fuese por ellos no tendríamos trabajo y ya sabéis que sin trabajo no se puede vivir, basta con ver sus manos llenas de callos para entender que no hay fortuna sin esfuerzo.

Es cierto que nunca le agradecemos lo suficiente su labor y, en especial, su delicadeza en este momento tan crucial de nuestras vidas. Acaban de sacrificar sus baterías de cocina y sus palos de golf para luchar contra una cuarentena que impide que podamos realizarnos para generarle las plusvalías que mantienen su modo de vida tan altruista. Si algo tenemos que reconocerles es que hiciesen el ridículo de una forma pacífica, solo faltaba la Preysler repartiendo bombones, porque esas banderas tan bonitas que portaban suelen acompañar a los tanques pacificadores que permiten el progreso de su España.

Es una cuestión de naturaleza que muchos no comprendemos. Ellos no están hechos para las calles, de ahí lo imbéciles que parecen. Su hábitat son los despachos y la calle es para los pobres que nos negamos a entender que sin ellos no hay economía. Como canta Rosendo, de niño pijo a sueldo fijo, un carrerón. Aplicados en el dictado de las leyes del mercado, tan poderosas que no necesitan de la soberanía nacional, sufren y padecen como el que más el despido de cualquier trabajador. Algunos incluso duermen mal por las noches cuando saben que Paco no puede pagar su casa o tiene que dejar a sus hijos en el comedor de la escuela para que tenga tres comidas diarias. Por eso, para aliviar los síntomas de su pobreza, le dan pizza, su comida preferida.

Lo de hoy es el altruismo más grande que vamos a conocer en nuestras vidas. Salieron a la calle para luchar por los derechos de todos nosotros, para que podamos trabajar, generar riqueza y hacer funcionar la economía. No es justo que, después de todos sus esfuerzos, demos preferencia a nuestra salud y no a los números que adornan sus cuentas. Tampoco lo es tener las cuentas llenas de números y no poder demostrarlo, ni tener un Ferrari parado en el garaje o un yate en Galicia que no pueden usar desde Madrid.

No somos conscientes de la riqueza que generan cuando exhiben sus últimas adquisiciones ante nosotros y no entendemos que su consumo es lo que hace que la rueda de las moneditas avance con su ruido tintineante hacia un progreso de dos fases. La primera, en la tierra, la disfrutan ellos, mientras que la segunda, en el cielo, es para nosotros que soportamos estoicamente sus abusos como buenos patriotas.

Es importante saber, que pese a su superioridad moral, intelectual y económica, en nombre de la libertad de elección y la libertad de oportunidades, siempre se sacrificarán para dejarnos escoger entre ser aplastados por la rueda del mercado o por la rueda del tanque. Esa es la libertad que defendían los palos de golf esta mañana.

Silenciadores, habelos hainos

En Galego

Cando cae a noite, especialmente nestes días de silencio de coches, intento escoitar aos rumorosos. Toda unha vida escoitando rumores de que rumorean para que, agora que podería escoitar as súas palabras, queden calados. Para que falar nun país que xa ten todas as respostas?

Ninguén quere saber, uns porque viven da ignorancia allea e outros porque, ignorantes, xa teñen todas as respostas ao rematar o seu adoutrinamento. Uns visten garabata e atentan contra un pobo ao que non queren e outros erguen o puño e cantan orgullosos a un pobo no que non cren .

A sucesión de berros para ver quen abre o telexornal convértese nunha verdadeira demostración do lonxe que viven da realidade. Os que din vivir na realidade berran tan alto que, pese a facelo desde Madrid, pódense escoitar aquí sen ningún tipo de dificultade, nunha verdadeira exhibición de provincianismo de quen intenta evanxelizarnos.

Eu, que nacín aquí, dubido se son ou non galego. Hai demasiadas definicións de que é un galego e sinto que non encaixo en ningunha. Por máis que percorro bibliotecas, leo xornais, vexo informativos ou leo programas electorais non dou atopado respostas. Non ergo o puño, non canto o himno, non vou a misa, non quero ser evanxelizado nin por San Pablo e detesto o fume e as garabatas.

As veces penso que, como a maioría, son un rumoroso. Falan no noso nome, din que nos fan preguntas pero ninguén quere escoitar as nosas respostas. Tamén é certo que, por pura soberbia de clase, non as compartiría. Uns teñen dereito a propiedade privada dos seus luxos materiais, eu teño dereito a propiedade privada dos meus pensamentos e, se non o tivese, sería obxector de conciencia.

Dixo un día o Vello (Fernán), e dixo mal, que somos un país de ignorantes. A realidade é que somos un país de silenciados. Pero que podemos esperar dun silenciador? Que entoe o mea culpa? Eu sei duns que, por pensar de máis, foron transformados en arcolitos.  Contan as lendas que cando se organizaron chegaron a ter verde debaixo, vaia ousadía.

Torcidos, presos e izquierdos

En Castellano

Tuvo suerte, en su vida solo conoció la libertad y el Estado de Derecho. He vuelto a confundir el orden de las palabras. En su derecho solo tuvo libertad para conocer al Estado… o en su Estado solo tuvo libertad para conocer el Derecho… Menudo asunto, ahora hasta yo mismo dudo de lo que quiero decir… creo que en su libertad solo tuvo derecho a conocer al Estado. Disculpen mi torpeza, la verdad es que se me olvida porque me importa una mierda.

Tuvo suerte, le tocó vivir después de que España decidiese levantarse demócrata en el nido de los aguiluchos. Cuando pudo escoger la libertad le faltaron monedas. Cuando tuvo monedas le faltó tiempo. Cuando tuvo tiempo y monedas le faltó vida. En ningún momento, ni en su libertad, ni en su derecho, ni en su Estado, pudo escoger vivir su vida sin permiso.

Es curioso que los pro-vida, que dicen lo que hay que hacer en los vientres ajenos, no digan nada del asunto. La verdad es que se les olvida porque a ellos la vida le importa una mierda.

Paco llega al desierto

En Castellano

En su camino hacia la omnipresencia, la omnisciencia y la omnipotencia, los dioses trajeados que juegan a los ceros en las pizarras del progreso habían diseñado el más grande de los grandes  experimentos de la historia de la humanidad. Manejaban todos los escenarios, todos los estímulos y, por supuesto, no rendían cuentas a nadie de sus actos ni tampoco buscaban la mejora del nivel de vida en el planeta.

Era tal el despliegue del estudio que tenían más problemas para interpretar los datos que para crearlos. Los estímulos iban dirigidos a todos los participantes inconscientes, desde los seres microscópicos hasta los más grandes y desde los individuos a los colectivos y afectaban a todos los sentidos del individuo, a sus relaciones, a su ecosistema e incluso a su conciencia. Desde los despachos se gestionaba el hambre y la abundancia, la enfermedad y la cura, el empleo y el desempleo, las crisis, las catástrofes y, por encima de todo, la forma en que esto se presentaba a las cobayas.

Nunca acabaron la tarea, si cuadra es que no había un final. Ya no había un fin que justificase los medios, porque decir que lo que buscaban es el mayor de los totalitarismos chocaría con la propaganda de la libertad y de la igualdad de oportunidades que percibían los inocentes participantes. El verdadero objetivo, pero no digáis que os lo dije yo, era que la tiranía del exceso pesase sobre los individuos indefensos en su justa medida, lo necesario para mantenerlos entretenidos y nunca lo suficiente como para que sea insoportable.

El experimento era un éxito, la tiranía del exceso podía controlarse y personalizarse para cada individuo, hasta para aquel que no reaccionaba a los estímulos. Por un lado estaba su incapacidad para procesar tanta información y por otro la ruptura de todos los lazos que ayudarían a procesarla en colectividad, o incluso a mandar todo a la mierda y a crear una conciencia colectiva nueva que obedeciese a sus intereses propios.

Y entonces, llegó Paco el inmune. Sometido a todos los procesos llegó al conocimiento de que era víctima de una estructura social que lo aplastaba, y de unos experimentadores macabros que atentaban contra su dignidad. El héroe que toda historia necesita desarrolló su propio sentido de la justicia a través del cultivo de su conciencia y, a lo americano, se enfrentó a la tiranía del exceso armado de valor y de buenas intenciones. No tardó en descubrir por qué todos los superhéroes ocultaban su verdadero rostro.

Paco paseó la conciencia por ciudades invadidas por el humo de las industrias contaminantes que escriben los periódicos y por las aceras ruidosas que reclamaban su derecho a un balcón donde aplaudir a su propio ego o donde insultar a los invisibles para las declaraciones de Derechos Humanos. Al principio se rieron del, después lo escucharon y por último, en cuanto Paco fue famoso, compraron camisetas con su fotografía. Cuando salió por la televisión y en los mejores memes que Google y Facebook personalizan para cada uno de nosotros, Paco fue objeto de todas las discusiones.

Idolatrado y perseguido a partes iguales Paco intentó llegar a los despachos que movían los hilos pero, para entonces, el camino estaba inundado de profetas y de animales rabiosos, tan enfermos de sí mismos que solo reaccionaban a estímulos y a Paco. Unos le mordieron y otros le aplaudieron pero, para entonces, Paco ya no era Paco. Nadie nunca le preguntó como se encontraba, si tenía sed o si estaba hambriento. En el camino hacia la libertad Paco se perdió entre la multitud y se convirtió en un nuevo estímulo.

La despersonalización,  la tiranía del exceso y la soberbia de la multitud llevaron a Paco a vivir en el desierto. Allí comprendió la verdad pero ya no pudo, ni tampoco quiso, explicársela a nadie. En el capitalismo cuando alguien muere no se transforma en una estrella, se transforma en un producto. Y cuando alguien vive no es una persona, también es un producto. La diferencia entre los productos y los seres vivos son los sentimientos pero, no nos equivoquemos, los sentimientos no importan en el mundo de las percepciones.

En el desierto, Paco, seguía escuchando las voces, eso decía, pero todos nos negamos a creer que estamos escuchando los ecos. Lo cierto es que estaba individualizado al máximo y sin lazos sociales que permitiesen crear una nueva conciencia que defendiese sus intereses.

Supercansado de SuperCasado

En Castellano

Es tan caradura que no merece ni el tiempo que invierto en juntar estas palabras para explicarlo, pero la cuarentena me regala tantas horas que ya no soy capaz de encontrar algo mejor donde malgastarlas. Permítanme la licencia poética de comenzar elogiando su barba, un derroche de geometría que le proporciona un aire distinguido e informal y que transmite seriedad y liderazgo en sus continuas demostraciones de soberbia.

Por desgracia no es un imbécil. Es capaz de sacar títulos universitarios sin asistir a clase, algo que, como mínimo, lo sitúa por encima de la media intelectual de un país de idiotas, que pese a que se esfuerzan más, no son capaces de obtener tales resultados. Maestro de la oratoria, capaz de convencernos a todos de que es el elegido, es el mejor ejemplo de un talento puro que, por bonhomía, juega en la arena política para mejorar nuestra existencia perjudicando la suya propia.

Entenderéis por tanto que todo lo que hace lo hace desde el conocimiento, lo que lo convierte en una persona deleznable y en un político a la altura moral de su partido, un líder más que adecuado. Para que no empiecen las descalificaciones quiero dejar claro que no estoy hablando de política, estoy hablando de un malnacido muy bien vestido que se atreve a darnos lecciones de moral desde una atalaya a donde no pueden llegar nuestras voces y a las que algún día espero que llegue mi particular sentido de la justicia.

En estos días donde la desgracia se ceba con toda nuestra población su actuación es digna de un villano de película de domingo por la tarde. Después de una década en la que su partido privatizó y recortó nuestro derecho a una atención sanitaria digna, precarizando a los profesionales, a los que ahora alaba, es capaz de pedir que le paguen una extra o que cobren el salario bruto. Sin ponerse rojo, eso sí que sería un delito, el mismo que apoyó que le bajasen sus salarios mensuales en nombre de la eficiencia de sus amigos pide ahora una limosna para los héroes que trabajan contra todas las adversidades. Lo dice elocuente, mirando a cámara, como si no supiésemos que él es la adversidad. Si tuviese que mirarnos a los ojos, por vergüenza o, mejor, por miedo, igual silenciaba ese oráculo que tiene debajo de sus fosas nasales.

También, el mismo que dice que los inmigrantes se llevan todas las ayudas, que vivimos por encima de nuestras posibilidades y que a los parados hay que dejarlos morir de hambre para que se transformen en productivos pide ahora que se le proporcione otra limosna a los trabajadores que siguen en activo pese al coronavirus. Todo esto después de oponerse a la subida del salario mínimo y de apoyar los recortes a los trabajadores en las tristemente famosas reformas laborales. El Estado al servicio de su España de tres velocidades, la de los que trabajan, la de los que no pueden trabajar y la de los suyos, inalterables en sus despachos y en sus lujos habituales, mientras los esclavos se pelean en la arena. Ellos lo merecen, tienen talento y por eso supieron nacer en las familias acertadas.

La verdad es que no hace ninguna gracia ni cuando amenaza a los que no se sienten españoles, pese a pagar sus impuestos en España, ni tampoco cuando juega a decidir quién es patriota, independientemente de donde los paguen, si es que los pagan. Porque los hospitales los hace el Estado, no los ciudadanos que pagan sus impuestos, y él, y los suyos, son el Estado. Mientras este impresentable pueda seguir dando carnés yo renuncio. Las patrias me cansan tanto como las idioteces y en este momento viajan tan de la mano que lo mío ya es un cansancio elevado a infinito, estoy supercansado de SuperCasado.

Los que seguís este pequeño blog sabréis que muchas veces menciono a Paco y a su alterego, Superpaco, para recordar que en nuestro tiempo lo más difícil y lo más heroico es llevar una vida normal, si es que existe tal definición y si es que existen los héroes. Paco, en su corrección política más absoluta, fiel a sus principios y a la verdad, y como portavoz de toda la gente normal de este país diría de él que es un grandísimo canalla que no merece nada. Paco es listo, y no quiere ir a la cárcel, por eso no dice lo que piensa que merece realmente y se guarda las piedras en el bolsillo.

Dejación de funciones

En Castellano

El sudor frío recorría su cuerpo con la misma intensidad con la que el río Amazonas intenta apagar el fuego que transforma su selva en campos para plantar soja. Titiritaba como un sonajero en las manos de un niño inquieto. El simple hecho de respirar se iba transformando en una tarea casi imposible y las manos y los pies escapaban desde hace días de la tiranía de su cerebro.

La esquina en la que dormía no era ni de lejos el mejor escenario para tales síntomas, eso debieron pensar los policías que lo llevaron a comisaría por desobedecer la cuarentena aquella tarde de primavera. Allí estaba Paco, un veterano a punto de jubilarse, para recordar a los agentes que su misión era proteger al ciudadano.

-Pero Paco, precisamente es lo que estamos haciendo. Este ciudadano estaba incumpliendo las normas y poniendo en peligro al conjunto de la población. Nosotros solo cumplimos órdenes.

-Agentes, este ciudadano está enfermo. A donde ustedes tenían que haberlo llevado es al Hospital.

Casi sin quererlo, con un simple acto de humanidad, Paco acababa de demostrarle a aquel ciudadano sin papeles en los registros oficiales que no era invisible, como ya hasta el mismo pensaba después de semanas con esos síntomas en una de las calles con más balcones de la ciudad.

Todo apuntaba a que había contraído el coronavirus y, una vez en el hospital, comenzaron con las pruebas pertinentes a la vez que aliviaban sus síntomas. A las 24 horas experimentó la mejoría que le permitió volver a pensar con claridad y aprovechó para agradecer al personal que lo había tratado con una humanidad que nunca antes había conocido. Después llegó la buena noticia, o no, de que el resultado era negativo.

-Puede volver a su casa – dijeron los médicos.

-Pero que es lo que tengo? – preguntó el paciente.

-No tiene usted nada.

Y era verdad. No tenía nada. Por no tener, no tenía ni nombre. Aprovechó para agradecer nuevamente la atención y solicitó marchar después del mediodía, algo que impidieron los despachos. Fue en ese momento cuando vi a la de la limpieza, que tampoco tenía nombre, compartir su bolsa de la merienda. Sin formación sanitaria pero con mucho mundo ella había diagnosticado a la primera a aquel hombre. Al día siguiente, al volver a su esquina, allí estaba Paco esperándolo con un bocadillo.

Cuando cuento esta historia todos quieren conocer a Paco y a la de la limpieza, y este quizás sea el problema de una sociedad que busca héroes para tapar sus carencias. El ciudadano no tenía nombre porque no hubo un héroe dispuesto a dárselo, vivía en la calle porque no hubo un héroe que lo acogiera y estaba enfermo de hambre y frío, porque no hubo héroes para alimentarlo y darle abrigo.

La verdad, siempre mucho menos épica de lo que nos cuentan, es que cuando hay un buen servicio público los héroes dejan de ser imprescindibles. El sin nombre tuvo atención sanitaria porque había un sistema sanitario público para proteger la salud de toda la población.

Que lo que el mercado ha separado no lo una el hombre

En Castellano

Cuando todas las alarmas sonaban al unísono y las personas caminaban a tientas hacia un barranco disfrazado con estímulos para todos los sentidos, apareció el único Dios que habían conocido para, de entre las voces, reproducir el mayor de los ecos.

-En nombre del mercado yo os digo que la salvación está en ese abismo. Saltad, haced caso a vuestros sentidos.

Y así, uno a uno, voluntaria e involuntariamente, fueron descendiendo por un carrusel de fuegos de artificio, sin saber que en tierra firme estaba todo lo que buscaban en aquella caída imparable. Todos querían la felicidad, para ellos y para los suyos, pero los sentidos que posibilitaban el éxito en la misión de su existencia ya no les pertenecían.

Sus vidas se consumían entre productos ficticios y sensaciones artificiales que no dejaban de ser nuevos estímulos para los que, al borde del abismo, intentaban decodificar un mensaje tan extraordinario. De entre los ecos, entonces, distinguieron una voz.

-No saltéis. Todo es un engaño, lo sabréis al llegar al suelo.

Conseguido el milagro, giraron sus cuerpos para avisar a la multitud que se dirigía impaciente al abismo de que no saltasen. En el momento en que se pararon a pensar por sí mismos, otros decidieron por ellos que tenían que saltar. Su caída solo se detuvo en vanos intentos de convencer a los de su especie de que todo lo que percibían era mentira.

Descartada la más difícil de las misiones imposibles, prosiguieron su descenso hasta darse de bruces contra un suelo tan firme como su propia conciencia. Una vez en el fondo tuvieron la misma visión del mundo que los dioses que adornaran el precipicio.  A simple vista podría decirse que estaban en el mismo sitio, pero había una diferencia abismal, nunca mejor dicho, entre sus posiciones y esta era, sorpresa, puramente científica. La ley de la gravedad protagonizaba la mayor de las paradojas en el monoteísmo financiero y acababa con el mayor dogma de la nueva fe, la igualdad de oportunidades.

Ambos entendían el acantilado como un sistema perfecto de engaños para seducir a una mayoría que abandonara su raciocinio por la divinidad del dinero, y ambos jugaban a apretar el entramado desde los extremos con el objetivo de empujarlo lejos de sus posiciones para mantener el control de sus sentidos. Mientras unos lo hacían por maximizar beneficios, otros lo hacían por pura supervivencia.

Como en toda buena religión, el problema eran tanto los dioses como los fieles. A fin de cuentas son los fieles los que legitiman a los dioses y los que reproducen sus abusos en una escala infinita. A veces me da por pensar que son los propios fieles los que crean a los dioses que los fustigan, pero no es verdad. Ellos perdieron el control de sus sentidos cuando entregaron su vida en el altar y sus hologramas son incapaces de comprobar que el mercado tiene nombre y apellidos.

La realidad, tozuda, esconde que estos nombres y, sobretodo, estos apellidos son los que crean a los fieles para, junto con la gravedad, dominar la tela de araña desde las alturas. Digan lo que digan, ningún Dios fue capaz de echar a los mercaderes del templo.

 

A pelota para quen a traballa

En Galego

Son moitas, e ao mesmo tempo poucas, as voces que lembran que a felicidade non se pode mercar e son máis, demasiadas, as que intentan enganarnos no terreo das percepcións ca máis grande das mentiras, esa que di que podemos atopala no mercado. Nestes días de confinamento o tempo dilátase e aumentan as horas para botar en falta todo o que queremos, unha oportunidade perfecta para ordenar as prioridades nas nosas vidas e para saber onde e como queremos estar e, moito máis importante onde e como queremos ser.

É todo un paradoxo, despois do anterior, dicir que unha parte da miña felicidade, probablemente a máis grande despois de, por suposto, compartir a miña vida coa xente que me rodea, está na pelota. A pelota é o produto por excelencia do mercado, arredor dela funcionan as apostas, as drogas, as mafias, a trata de persoas, as empresas e países que buscan lavar a súa imaxe e demasiados enganos máis que distancian ao espectador e ao xogador do realmente importante, o xogo. Dicía Maradona, un exemplo perfecto das dúas caras da moeda, que calquera pode caer nas trampas pero que a pelota nunca se mancha.

A pelota é o motor dunha noxenta maquinaria montada no seu nome, pero ela e unicamente ela, é capaz de manter a súa esencia no medio da lama, do asfalto, do parqué, do caucho ou do mellor céspede do mellor estadio do mundo. Se algo deixa claro é que o mellor terreo de xogo é calquera no que se lle aprecie, os mellores xogadores son aqueles dispostos a darlle patadas e os mellores equipos son os que despois do partido comparten o seu tempo comentando as xogadas.

Agora que o gardarroupa mantén baixo chave os nosos tesouros futbolísticos botamos de menos o que realmente nos gusta e que moitas veces dábamos por feito nun mundo de distraccións continuas: a pelota, os amigos e a pista. O esforzo, os adestramentos, os compañeiros, a afección e a competición. A vitoria e a derrota, o cañito no rondo e o cañazo no partido, o erro a portería baleira e o golazo pola escuadra, a falta que non era e o acerto do árbitro que ninguén se atreve a valorar, a parada imposible, o balón ao poste, o caneo, unha boa asistencia, o poderío de gañar un choque e a impotencia de perdelo. Todo un camiño de sensacións que, pese a moitos energúmenos que queren roubárnolo, permitiunos ser onde e como quixemos ser.

Nunha vida dirixida pola procura incesante de diñeiro, é curioso que o que máis desexamos non vale nada no mercado que dirixe as nosas vidas e que decide o noso futuro. Namentres haxa nenos e nenas dispostos a imaxinar dúas porterías, inventar unha pelota e xogar un partido, o mercado, que non aforrará esforzos en tentalo, non será quen de manchar a pelota. A pelota, como a terra, é para quen a traballa.

Superpaco

En Galego

Paco asimilou desde o principio que a corentena era para el. No primeiro momento que escoitou que a crise sanitaria ía derivar nunha crise económica el xa sabía que tiña que irse para casa. Así que, unha vez máis, tirou de experiencia para soportar xunto a súa xente a maior crise da historia ou como queiran chamalo os que deciden o noso futuro. Paco, que ten 40 anos recén cumpridos, é todo un heroe porque o seu lombo xa leva soportadas tres maiores crises da historia, pero non sabía que nesta o destino tíña unha carta gardada para el.

Desde que veu o sobre xa sospeitaba que non debía ser algo positivo, pois a carta tiña no remite o seu nome e os seus apelidos e no remitente o nome dos que sempre o chamaron por un número. Rompeu con forza o envoltorio e tragou os improperios cando descubriu que nesta crise tan histórica non ía perder o traballo, resulta que agora era imprescindible para unha sociedade que sempre o mirara con desprezo. Pasados os insultos, o primeiro pensamento de Paco foi moi pesimista:

-Se nesta crise eu son imprescindible, o asunto debe ser grave de carallo.

E si, o asunto certamente era grave de carallo pero Paco, acostumado a lidiar coa adversidade,  seguiu cargando palés para que todos tivesen alimento. Cando todo pasou e a xente cambiou os aplausos de postureo e o fascismo de balcón polas súas vidas anteriores, deixou de ser imprescindible. Comezaba para Paco a cuarta maior crise da historia, pero el xa estaba preparado. Desde o principio sabía que a corentena era para el.